Sangre Azul 09: El devoto de Engarama

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Capítulo 9

El devoto de Engarama

 

Shasmel tuvo que recurrir a todo el dominio de sus músculos faciales para no mostrar el espanto que sintió al descubrir los ojos del hombre que lo seguían. Sus pupilas estaban clavadas en él con intensidad, cargada de un juicio duro. Lo reconoció al instante. Era el criado público con el que se había encontrado en el pasillo de sus dependencias.

Contuvo la respiración una milésima de segundo y mientras le daba algo más de tiempo a sus corazones para que regularan su bombeo acelerado, sonrió. No olvidó poner algo de desprecio en el gesto, manteniendo la fachada hasta el último instante.

—¿Se ha perdido, siervo de miles?

Un escalofrío húmedo le recorrió la espalda, erizándole el vello de la nuca. El hombre frente a él no se había ofendido por ese apelativo despectivo que solían usar los militares contra los criados públicos. Por el contrario en su rostro podía percibir algo de agrado, como si sus maneras le hubieran complacido, y eso no tenía ningún sentido.

—Quizás sea usted quien se haya perdido, mi piadoso señor.

Shasmel sabía reconocer una insinuación cuando la escuchaba, sin embargo no alcanzó a descifrar qué había querido decir al errar el título, y más con uno que llevaba tantos siglos en desuso en el cuadrante Persei. Sin embargo había otras prioridades a las que atender, mucho más importantes que un juego de palabras: No podía permitir que nadie se enterara de sus actividades o su honor quedaría gravemente manchado, y en estos casos, como bien sabía, lo único que funcionaba era el soborno.

—¿Qué es lo que quiere?

—Alguien desea verse en privado con usted. Si fuera tan amable de acompañarme… No hay motivo por el que nadie deba saber lo que hizo antes del desayuno, mi señor, ni después de él.

—Claro —susurró, pero no se movió.

No le gustaban sus palabras, ni la forma en que las pronunciaba. No le había gustado esa insinuación de que sus asuntos quedarían en secreto a cambio de que lo que ocurriera con la persona que lo llamara también fuera secreto.

Comprendió de inmediato dos cosas, que el hombre no era un criado público, y probablemente tampoco ningún otro tipo de criado, y que no había estado esa mañana en su pasillo por casualidad. No sabía a qué tipo de intrigas se le estaba invitando, aunque sospechaba que tenía que ver con su contacto con los humanos y la negativa de los embajadores a reunirse con el resto de narsianos, pero estaba seguro de que no quería participar en ellas. Nada que implicara a un hombre disfrazado de criado para dar con un noble era un negocio limpio. Si así fuera, un criado de verdad habría bastado. Ese hombre, por tanto, tenía que tener otras habilidades importantes, y dudaba que fueran relacionadas al diálogo o la cortesía. La forma en la que mantenía las manos cruzadas sobre su cintura, muy cerca de donde algunos cuerpos militares llevaban sus dagas, se lo decía.

—¿A dónde debería llevarme?, si lo puedo saber.

La sonrisa en el rostro del falso criado se volvió altiva.

—No. No, mi piadoso señor. Si pudiera saber su ubicación, habría bastado con una carta de invitación. Me temo que vamos a tener que recurrir a una inyección de somnifina para esto. Si quiere un consejo, no intente huir precisamente ahora —señaló con la barbilla hacia Shasmel, o más bien hacia el pasillo que había tras él, y descruzó los brazos dejando escuchar el acero desenvainándose—. Me daría veinte metros de línea recta para elegir en qué parte del cuerpo acertarle, y eso, teniendo en cuenta las capacidades físicas del noble señor que más rápido ha corrido delante de mi hasta la fecha, son cosa así de dieciocho segundos.

Shasmel dio un paso atrás, congelando la sonrisa en el rostro y meditando sobre los pros y los contras de permitir que lo dejaran inconsciente. Nunca se había planteado la idea de que alguien quisiera secuestrarlo para pedirle un rescate a su familia; había familias con más dinero y menos herederos que tenían prioridad para cualquier secuestrador, sin embargo en ese momento la idea no se le iba de la cabeza. No podía ponerse en manos de un desconocido sin más y esperar que todo terminara bien para él.

—¿Y qué me dice de la habitual banda en los ojos? —tanteó más para ganar tiempo que porque creyera que iba a convencerlo.

—Con otra persona me lo habría planteado, pero no con un piadoso. Si le sirve de consuelo, sus capacidades me han sorprendido gratamente. Estoy seguro de que usted sí superará la prueba.

Shasmel mostró en la anchura de su sonrisa toda la desconfianza que sentía.

—No sé si debo preguntar por los que no la superaron.

—Nada grave. No vamos matando a personas importantes, con contactos y familiares que puedan preguntar por ellos. Eso sería poco inteligente, ¿no lo cree? Si no supera la prueba, regresará a sus dormitorios con algo de…

El discurso calmado del hombre se detuvo de pronto al tiempo que ladeaba la cabeza hacia la izquierda, dando a entender que acababa de sentir algo acercándose. Una fracción de segundo más tarde una sombra asomándose al recodo que había tras él demostró que sus instintos estaban bien entrenados.

El recién llegado era un criado, uno de verdad, y se detuvo en el mismo instante en el que vio a Shasmel de frente. Su rostro se iluminó con una sonrisa sincera, cargada de una sorpresa que dejaba claro que había reconocido al laeto. Ni siquiera le dedicó más que un vistazo al otro hombre, tras el cual se situó con educación, pidiendo mudamente permiso para hablar con el noble cuando su compañero hubiera terminado los asuntos que discutía con él. No comprendía el peligro de la situación.

—Me encargaré de que no vuelva a ocurrir, laeto de Minam —dijo el falso criado con una interpretación digna de aplauso, fingiendo que acataba unas órdenes imaginarias.

Shasmel contuvo la respiración mientras lo veía darse la vuelta, temiendo estar a punto de presenciar un asesinato y sabiendo que no podría hacer nada para impedirlo, pero no sucedió. Observó cómo se alejaba, a paso lento y sin mirar atrás, y no se dio cuenta de que sus pulmones se habían detenido por completo hasta que comenzó a sentir el dolor en el pecho.

Al girarse hacia el criado, que seguía esperando con una sonrisa similar a la de un niño que recibe a una nueva madre, le costó enfocar su atención. Se sentía aturdido, apenas comprendiendo que por mera casualidad acababa de salvar la vida. No sabía si debía agradecerle al sirviente lo que acababa de hacer, si debía explicarle la situación de la que le había salvado, o si le convenía guardar silencio tanto para protegerlo como para protegerse.

—¿Deseaba…? —comenzó, hablando más por aparentar que estaba tranquilo que porque de verdad estuviera preparado para mantener una conversación banal con un desconocido.

—Mi agraciado e ilustrísimo señor de Minam…

El hombre hizo un alto para tomar aire y relajarse. Cada palabra que pronunciaba estaba cargada de gratitud y admiración. En otro momento Shasmel se habría sentido interesado por los motivos, pero en ese sólo quería regresar a su dormitorio y ponerse a salvo cuanto antes, por lo que le hizo un gesto para indicarle que continuara hablando mientras le seguía, a la distancia habitual de respeto, y echó a andar por el pasillo. Era más seguro estar acompañado.

—Mi señor, ilustrísimo señor—volvió a comenzar el otro—, doy gracias a los quinientos más uno por este afortunado encuentro con usted. Tengo información tan valiosa… Tengo tanta información que deseaba compartir con usted desde el momento en el que la conseguí… Si usted me permitiera… Si me considerada digno para explicarle lo que… Quiero decir, no crea que soy un siervo irrespetuoso. Tengo una buena formación y yo nunca espío. No he espiado, mi agraciadísimo… agraciado, quiero decir, mi agraciado señor de Minam.

El hombre siguió balbuceando nervioso y Shasmel asentía mecánicamente mientras su mente permanecía ajena. La agitación del criado no le ayudaba a relajarse, por lo que centró su atención en otras cosas, como la falta de decoración en el subsuelo, el pensar en la mejor ruta para no encontrarse con ningún noble cuando subiera a los pisos superiores y en analizar los errores de dicción del criado. No sólo pronunciaba mal las palabras con «ng» final, sustituyéndola por una suave «de» que lo situaban en algún planeta de Pluum, sino que también tendía a conjugar los verbos de humildad con ashjsta docto, como si hubiera recibido una educación superior o si hubiera servido a algún ilustre maestro de templo. No lo hacía por petulancia, porque en cuanto se daba cuenta de su error, se corregía y volvía a usar los ashjsta serviles, pero despertó la curiosidad de Shasmel.

—He oído cosas, mi señor, y no desearía ofenderlo con conclusiones precipitadas basadas en los susurros de las paredes, pero si fuera verdad y yo pudiera ayudar, me sentiría muy honrado.

—¿Qué es lo que has oído?

—Que una noble dama de los humanos ha mostrado su favoritismo por usted.

Shasmel se tensó y miró tras él, asegurándose de que no había maldad en el rostro del hombre, sólo sincera y devota admiración. No estaba insinuando nada inadecuado; exponía la verdad tal cual era.

—Preferiría no hablar de ello en un pasillo. El honor de dicha dama podría quedar en entredicho si alguien escuchara parcialmente nuestra conversación y la malinterpretara.

—Por supuesto, mi señor —Hubo una pausa y tras esta el criado preguntó con un susurro avergonzado: —¿Se me permitiría acompañarlo más allá de la zona de restauración? Necesito un permiso de nivel doce o superior para que no se reporte mi infracción en caso de que atravesara el perímetro. No puedo ir más allá de aquellas escaleras sin haber sido llamado.

Shasmel se llevó una mano al circumo, manejándolo con rapidez. Los comandos para hacer peticiones al servicio estaban en la gesticulación rápida, así que no tuvo más que acariciarse el pecho a la altura del segundo botón para hacer una petición, y una vez ahí se dio cuenta de que el hombre que lo acompañaba no tenía activado su señal de asociación. Sorprendido por ese hecho, se detuvo y lo miró. Pensó en amonestarlo antes de pedirle que le diera su nombre, para ingresar manualmente la información, pero al mirarlo al rostro se dio cuenta de que ya se conocían.

—Te llamas Oria —le dijo, lo cual no requirió que tuviera una memoria especialmente buena. Casi todos los criados se llamaban así—, pero necesito más datos para ubicarte con mi circumo.

—Es verdad, mi señor. Como acabo de ser trasladado se canceló mi señal interna y aún no se me ha dado una nueva con los datos actualizados. En las cocinas rara vez nos asociamos o intercambiamos información de contacto mediante el circumo, y los señores tampoco requieren de nosotros directamente, así que no había prisa para ello. Puede encontrarme como Oria Ulan, de Pluum, Sixenio, Gealta. Número de servicio, tres mil doce punto quinientos siete. Un número afortunado —se sonrió.

—Gealta —comentó Shasmel con desinterés mientras creaba la búsqueda—. ¿No es ahí donde está el templo más querido del dios Engarama? O al menos uno de los más queridos.

Había acertado. La sonrisa de orgullo que se dibujó en el rostro del hombre le dejó claro que no sólo era ahí sino que Oria Ulan posiblemente hubiera servido en él.

—Sí, el templo de los siete mil autómatas, la edificación más hermosa de las que alguna vez se han concebido bajo los ojos del Metalurgo. Hay miles de caminos para escuchar las palabras de Engarama, pero donde su voz se oirá más clara será siempre en Gealta, bastión de la tecnología desde antes de que la dinastía Florpúrpura se sentara en el trono supremo.

Shasmel se sonrió. Se había equivocado. Oria no hablaba como un siervo de templo, hablaba como un engaramador. Había sido aprendiz de sacerdote, o quizás sacerdote ordenado, y por algún motivo lo habían degradado y convertido en un sirviente, pero el toque de Engarama seguía iluminando cada una de sus palabras, dejando claro que era un hombre bien formado y con más inteligencia que humildad, pero no por ello mal criado. Sintió aprecio por él de inmediato.

El resto del camino lo pasaron en silencio. En los pisos superiores los pasillos eran más anchos, con las bóvedas más altas, y el eco amplificaba los susurros más discretos. El sonido de sus pasos anunciaba su llegada a varios metros de distancia, sin que pudieran solucionarlo con las almohadillas que llevaban en la suela. Se escuchaba el roce de la pisada contra el suelo, el frotar de sus pantalones, incluso el chasquido de sus labios secos al ser separados o sus respiraciones discretas.

Oria Ulan no había hecho en ningún momento un comentario sobre la ropa de Shasmel, pero era imposible que la hubiera pasado por alto. Tampoco le preguntó si deseaba pasar inadvertido, simplemente calló, le siguió discretamente y en el momento apropiado, le susurró que se detuviera un segundo. Unos pasillos más allá un miembro de la nobleza fítica atravesó el corredor sin saber nunca que estuvo a punto de descubrir al laeto de Minam vestido como un vulgar criado.

En dos ocasiones más, Oria Ulan le dio el mismo aviso, con el mismo resultado, y Shasmel agradeció mentalmente a su tío todas las veces que le había recomendado que se ganara la amistad de la servidumbre.

Al llegar a su dormitorio, le hizo pasar y cerró tras él.

—Has retocado tu circumo —declaró girándose para ver al criado.

No era una sospecha. Sabía que estaba en lo cierto.

El otro hombre se mostró avergonzado.

—No de forma ilegal. Mis dotes como criado no son especiales, pero soy bueno en las artes de Engarama. Comprendo la mayoría de los mecanismos tecnológicos con gran facilidad, y el circumo es algo con lo que he convivido desde que me lo implantaron, a la edad habitual en cualquier niño de Yldium. A veces lo retoco sin siquiera darme cuenta de ello. Lo tengo tan metido en la mente que es más un pensamiento que un acto.

—No he dicho que hayas hecho nada ilegal, pero es la primera vez que veo a alguien capaz de percibir la cercanía de otra persona mediante el circumo.

—No es nada difícil, siempre y cuando la otra persona también tenga un circumo. La verdad es que cualquiera puede hacerlo sin siquiera tener conocimientos avanzados. Lo realmente difícil es filtrar la información útil de la inútil. Si recibiera la ubicación de todo el mundo en la Lirdem en todo momento, me volvería loco. Mi cerebro no está preparado para procesar tantos datos. Yo lo he configurado para que me avise cuando es posible que me encuentre con algún noble. Como criado soy lento y a veces me cuesta recordar cómo he de actuar con cada persona según su edad, posición y procedencia, y tengo que conseguir unos segundos extras para consultar la base de dato sin que sea notorio o mi lentitud ofenda al señor.

—¿Es así como conseguiste la información de la que me hablabas?, la de los humanos.

Oria Ulan se tensó.

—No. No, claro que no, mi señor. Jamás espiaría. Ya se lo he dicho. Y tampoco puedo sentir la presencia de un humano. Ellos no tienen circumos y su tecnología me es desconocida.

Algo en sus ojos al decir la última frase le dio a entender a Shasmel que ese desconocimiento le resultaba fascinante. No había duda de que tenía alma de estudioso.

—Todo lo que sé —continuó— es por lo que he oído de mis compañeros en las cocinas. Hacen su trabajo lo mejor que pueden pero no importa cuánto se esfuercen, siempre son reprendidos por algo que no alcanzan a comprender y terminan en el descansillo con un ataque de nervio y bebiendo botella de agua vitaminada tras botella de agua vitaminada.

—Los humanos tienen una cultura muy atrasada en algunos aspectos—concedió Shasmel, haciéndose una idea de lo duro que debía ser para un narsiano intentar complacerlos—. Lo mejor que pueden hacer es pedir perdón antes de empezar a hablar. Algunos de ellos son más sociables y comprensivos, y comprenden que nuestras diferencias nos llevan a malentendidos.

Guardó silencio al darse cuenta de que su amistad con la dama Cortés era la que le hacía decir esas cosas. No conocía al resto de humanos y podían ser muy diferentes a la agradable muchacha.

—Quizás tenga razón. No lo puedo saber. No he tenido el placer de ver a un humano siquiera, sin embargo por lo que he escuchado, tienen costumbres extrañas y exigencias aún más extrañas. Sin ir más lejos, parece que tienen el hábito de exhibir públicamente a sus mujeres mientras hacen deporte, como si fueran reses en una feria del ganado, mostrándoles a los futuros compradores las cualidades de la pieza. Mis compañeros no han censurado sus maneras. Si son así, son así. No podemos presuponer que nuestra forma de ser es mejor que la suya, pero les han recomendado que no lo hagan. Si lo que buscan son esposos, no los encontrarán exhibiendo a sus nobles damas como vulgares mujeres de mercado o salones de placer. Deberían invitar a los candidatos a que se sienten a charlar con ellas, para que vean que son instruidas e inteligentes, o regalar obras de artesanía creadas por estas, no exhibir sus cuerpos.

Oria Ulan había abandonado por completo los ashjsta serviles y le hablaba a Shasmel como habría hecho un erudito, tratándolo como a un conversador de templo. No podía criticar su actitud. Lo más seguro era que el criado jamás hubiera presenciado una conversación larga entre un siervo y un señor, porque sino habría evitado dar opiniones personales y se habría cuidado de no parecer que le instruía.

En cierto momento el hombre se giró hacia la zona este de la habitación, buscando por costumbre los sillones, pero casi al mismo momento en el que comenzaba a andar hacia ellos, recordó su posición y se detuvo, convirtiendo el ademán en un gesto para enfatizar una palabra. Shasmel se sintió tentado de invitarle a sentarse, pero por mucho que ese hombre hubiera sido un erudito, ahora era un criado y no podía tratarlo de otra forma. Las normas estaban hechas para cumplirse y así mantener el orden en todos los aspectos de la vida.

—¿Era eso lo que quería contarme? No tengo interés en ver cómo las humanas hacen deporte, si es lo que pensaba, y dudo mucho que los humanos tengan interés en que yo mire a sus mujeres. Si revisara la información de su circumo, sabría que soy el duodécimo tercero en la línea sucesoria del condado de Tempre y que aún no tengo ningún título de mención que pudiera favorecerme en una transacción matrimonial. Además, en Pergán la primera esposa es seleccionada y comprada por los padres, no elegida por el esposo.

—He revisado el circumo.

Oria Ulan se detuvo, de pronto consciente de lo que acababa de decir, y su piel se volvió del azul intenso de la vergüenza mientras miraba a Shasmel a los ojos, disculpándose.

—Quiero decir, cuando usted intervino en mi favor, deseaba saber todo lo posible sobre quién era y de qué forma podía pagárselo. No es honrado dejar las deudas sin pagar, por eso me informé sobre su casa y su estatus, y sé que su príncipe emitió hace varios años vuestros permisos matrimoniales.

—Esa información no está en el circumo.

La voz de Shasmel salió acerada, ofendido porque indagaran en su intimidad.

—No en la base de datos normal, pero sí en la del servicio de seguridad de la Lirdem. Accedí a ella por error. Ya le he dicho que a veces no soy consciente… Mis disculpas, mi señor —atajó al ver que Shasmel no relajaba el gesto—. No pretendía hacer nada incorrecto. No era información que me interesara, hasta que descubrí que la dama Cortés se aloja en las dependencias núbiles.

Shasmel tomó aire sin conseguir disminuir su enfado. No le importaba que la humana fuera casadera. Era un dato irrelevante. No iba a pedir su mano.

—¿Y eso en qué me afecta?

—Ella era una de las humanas que solicitó permiso para hacer deporte públicamente. Sus damas de compañía insistieron sin descanso y, si los rumores son ciertos, al anochecer algunas de ellas hicieron rondas por los pasillos de la embajada. Quiero decir: corrieron.

—La dama Cortés se ejercita. Me parece bien. Es una costumbre humana. A lo mejor los humanos lo hacen por motivos religiosos, o por alguna costumbre ancestral. No todo tiene que ser por exhibirse. Está demostrado que el deporte es bueno para la salud y para la mente. Aun así, aunque se tratara de exhibir su cuerpo, me sigue sin incumbir. La dama es sólo una amiga.

—Lo sé, mi señor. No he querido insinuar lo contrario. Sin embargo… —dudó un segundo—. Por favor, no os ofendáis por lo que os voy a decir.

Shasmel ya estaba lo suficientemente ofendido y dudaba que pudiera reprimir el enfado ante otro ataque personal, pero no tuvo el menor reparo en mentir y asentir con tranquilidad.

—No os he encontrado en los pasillos de la sección de restauración por casualidad. Os buscaba intencionadamente. Creí que iba a tener que pedirle a un compañero que os trasmitiera mi mensaje, porque no se me permite salir de ahí, pero el que usted hubiera bajado fue como una señal de la buena fortuna.

»La raza humana parece ser muy madrugadora y el servicio en la embajada ha tenido que cambiar su horario para servir el desayuno antes de las gracias matutinas, y ya a esas horas han comenzado a llegar compañeros con problemas y peticiones de cambios de menú o más cantidad de líquidos para los señores.

—Sí, soy consciente de que su dieta es distinta a la nuestra. Si quieres hacerme un favor, valoraría positivamente que me avisaras si algún administrador intenta solucionar ese problema con… digamos que con alguna guía culinaria para los embajadores o algo similar. También apreciaría que me dieras información si sabes de algunos sabores o platos que les guste más.

—Por supuesto. Lo tendré en cuenta. Pero no es eso lo que le quería decir, sino algo relacionado con la Dama Cortés. Si mis compañeros no exageran, parece ser que esta mañana ha intentado concertar varias citas con usted, hasta el punto de llenar su agenda al no comprender bien el funcionamiento del petitorio. Cuando se le informó que usted había desconectado su servicio de mensajería, exigió que fuera alguien en persona a buscarlo.

Shasmel no pudo evitar sonreírse al imaginarse a la mujer indignada porque no se respondiera a sus exigencias. Ningún criado podía contactar con un señor que hubiera desconectado su servicio de mensajería. Ninguno a excepción de Oria Ulan, claro, pero él no entraba en la categoría de criados comunes.

—Entonces te enteraste y pensaste en avisarme. Muy amable, aunque no veo qué relación tiene con que sea una joven casadera.

—Eso es secundario —respondió sin darse cuenta de que no era una frase apta para un sirviente—. Lo importante es que una vez se le avisó de que ni era posible complacerla, ni eran horas para importunar a alguien de vuestra categoría, exigió que se le cambiara su permiso para verle a usted por otro para pasear por las instalaciones de los soldados. Como entenderá, mis compañeros le intentaron hacer ver que no era un lugar interesante para alguien como ella, pero eso sólo la enfureció, y cuando digo que la enfureció me refiero a que en estos momentos hay tres hombres en la sala de descanso con ataques de ansiedad, seguros de que la dama va a hace todo lo que haya en su mano para que sean destituidos y enviados a algún emporio de cuarto orden en Antarcas.

»Lo que quiero decirle, mi señor, es que una vez encienda su servicio de mensajería, lo más seguro es que reciba las solicitudes de encuentro de la dama, y si usted quisiera complacerla y llevarla donde los criados le han negado el acceso, es posible que se gane su estima. Aparte de que es bien sabido que las doncellas casaderas son más fáciles de impresionar que las que aún están en época de formación, puesto que en todos los hombres amables ven un futuro digno.

—¿Me está proponiendo que me aproveche de su ingenuidad?

Shasmel no estaba siendo hipócrita. No le molestaba que alguien tuviera las mismas ideas que él, lo que le ofendía era que se dijera en voz alta. Siempre había que guardar un mínimo de decoro.

—No, mi señor. Le tengo en alta estima. Creo que si creyerais que vuestra cercanía es perjudicial para la Dama Cortés, os alejaríais de ella en caso de no querer crear una alianza con su familia. También creo que tener a una mujer como ésta a vuestro lado os sería de mucha ayuda. Mis compañeros dicen que habla con todos los hombres importantes de la embajada y que estos parecen respetarla y escucharla cada vez que da su opinión.

No le extrañaba; era una mujer inteligente, y por lo visto, con influencias.

—Le agradezco la información.

Shasmel decidió ser amable. No le terminaba de gustar las maneras de Oria Ulan, pero el hombre había demostrado ser un recurso mucho más valioso de lo que creyó en un principio, y le convenía tenerlo de su parte. Se hizo a un lado, indicándole que podía marcharse, pero antes de despedirlo se acordó de asuntos mucho más urgentes que las intrigas románticas con los humanos.

—Una última cosa. ¿Alguien ha intentado dar conmigo mientras estaba… en las cocinas?

Oria Ulan sonrió y se llevó una mano al pecho para confirmar algo con su circumo que parecía que ya sabía.

—La mayoría de los que le buscaron, todos criados enviados por la Dama Cortés, no consiguieron acceder a su ubicación. En cuanto vieron que no quería ser localizado, dejaron de buscarlo. Sólo una persona… —dudó un segundo y repitió un par de veces el gesto sobre su pecho, extrañado—. No puedo acceder a su perfil, pero parece que otra persona le buscó y rastreó su ubicación.

—El hombre con el que me encontró —abrevió Shasmel— ¿Hay alguna forma de saber algo de él?

—No. Como le acabo de decir, no tiene sentido. No puedo llegar al solicitante. Es como si hubiera una barrera de nivel siete en torno a él. Lo cual es… bueno, ridículo. ¿Qué haría un nivel siete en la Lirdem?

Shasmel sintió un escalofrío recorriéndole todo el cuerpo. No quería pensar en la respuesta a esa pregunta.

—¿Y no hay alguna forma de que se me avisara si…? —dudó. No sabía qué quería exactamente— Si esa persona volviera a buscarme, ¿hay alguna forma de impedirle el acceso a mi información?

—Es ilegal, señor. Todos los datos de la población narsiana son de dominio público según las leyes de convivencia de las Actas Generales del décimo tercer emperador Florpúrpura.

De entre todos los siervos de Engarama había dado con el único que se informaba sobre las leyes antes de ponerse a jugar con la tecnología. Shasmel reprimió un gesto de molestia y trató de pensar con tranquilidad.

—Pero no está prohibido que yo sea informado si alguien revisa mis datos.

—Sus datos son revisados una media de…—hizo un alto, haciendo la operación con el circumo—trescientas catorce veces cada día, tanto por criados como por compañeros suyos. De hecho, si le hago la media sólo desde que se extendió el rumor de que la humana solicitó una cita con usted, la cifra asciende a seis millones de veces cada día. Vuestro nombre no ha pasado desapercibido para nadie en la Estación, y hay mucho noble señor que tiene por costumbre entrar en vuestro perfil, mirar el dato que le interesa, salir y cinco minutos más tarde volver a entrar en busca de otro dato.

»Podría hacer que se le notificara, pero sería demasiada información para su cerebro. Se supone que tampoco podría advertirle si un nivel siete le busca, que creo es lo que pretende.

—Se supone— repitió Shasmel, esperanzado.

—Efectivamente. Se supone que las acciones de un nivel siete son de máxima prioridad y que son los únicos seres imposibles de rastrear en Yldium, sin embargo, como acaba de comprobar, no es difícil llegar a la conclusión de que una persona es un nivel siete debido a que no se le puede pedir datos. Podría hacer que su circumo solicitara información de cada persona que realizara una búsqueda; si se le respondiera a esa solicitud, el circumo desecharía la información y usted no sería molestado; si por el contrario vuestro circumo no recibiera la información, podría crear una alerta para que se le informe de cuándo se emitió la búsqueda y qué información de usted fue solicitada.

Shasmel sintió de pronto ganas de sostener el rostro del criado y unir su frente a la de él como si fuera su hermano. Su ayuda le salvaría la vida.

—¿Y es infalible? ¿Hay alguna forma de que se salten esa medida de seguridad?

—Claro. Es un nivel siete. Si ha recibido formación en cualquier templo de Engarama podría cancelar mi orden con un simple pestañeo, pero para eso primero tiene que saber que existe esa orden. No veo el motivo por el que creyera que usted ha recibido ayuda de un devoto de… —se interrumpió al darse cuenta de lo que iba a decir, y bajó la vista, corrigiendo sus palabras— un antiguo devoto de Engarama. Las posibilidades de que cancele mi orden son bajas, mi señor.

Shasmel le dirigió una mirada cargada de aprecio y asintió. Podía sentir el dolor del criado y lamentaba su suerte, pero no se le ocurría de qué forma podía ayudarle. Internamente se prometió que cuando acabara con sus deberes en la Lirdem investigaría cuál había sido su falta y vería si podía restituir su posición en el templo.

—Has sido de gran ayuda, Oria Ulan de Gealta. No lo olvidaré.

El hombre le sonrió, agradecido.

—También, mi señor, me he tomado la libertad de borrar su ubicación durante la mañana desde el momento en el que salió de su dormitorio hasta que volvió a entrar. No hay nada que desprecie más que el chantaje. Mis hermanos deberían ser honrados y estar siempre agradecido de poder servir a los suyos —recitó como un criado recién salido de la academia.

—Y los míos deberían apreciar que hombres tan valiosos como usted nos sirvan con tanto esmero.

Ambos intercambiaron una sonrisa que iba más allá de la fría cortesía que debía haber entre señor y criado. Luego Shasmel señaló hacia la puerta.

—Ahora retírese. Tengo unas solicitudes que responder de cierta dama humana.

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Un comentario en “Sangre Azul 09: El devoto de Engarama

  1. actualizaste!!!!!!!!!!!!!! soy tan feliz :’3 …. te deje mi voto en wattpad ❤ …. el cap estuvo muy genial, me simpatizo la percepcion que tienen de las costumbres humanas n_n eso del deporte me dio risa xD…. ojalas shasmel y oria se hagan amigos sin importar el estatus (no entiendo eso de no dejar que un siervo se siente x.x)…. ohh! la bella Fran 😛 debe estar indignada, pobre dama! xD (enserio cuando los humanos.. a los que les toco… se enteren de que son considerados delicadas damiselas… pfff xD ya quiero saber de sus impresiones cuando sean dañados en lo mas profundo de su egos de macho 😀 … pero para considerarlas mujeres, las hembras Yldium deben de ser muy grandes, mas que los hombres y amachadas u.u!!! ojalas aparecieran mujeres Yldium para saber de ellas y mujeres humanas para ver que se opinan de ellas, quizas las consideren machos :S )…. esperare el prox capitulo. saludos. 🙂

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