Reflexiones sobre «Quiero ser tu puta»

Portada de Quiero ser tu puta

No sé dónde dije, ni a quién dije que me divertía mucho más escribir desde una primera persona que en tercera persona, pero si fue a ti, perdona por ser reiterativa.

En mi ordenador tengo alrededor del sesenta y largo por ciento de mis escritos narrados en primera persona, porque es un reto mucho más interesante. Con cada personaje, valiéndome de su nivel cultural, el círculo en el que se mueve y la educación que haya recibido, le doy una forma de ser u otra.

La mayoría de las veces escribo con personajes cultos o que se hubieran culturizado poco antes de comenzar a escribir sus memorias. Por eso de que me facilita expresar lo que quiero decir exactamente con las palabras más concretas. También tengo preferencia por las personalidades con doble moral, o directamente sin escrúpulos, pero a veces, porque me gusta liarla parda, lo hago desde la perspectivas de tontos, tontos ilustrados, eso sí.

En el caso de Andrés, el prota de Quiero ser tu puta, es un hombre con estudios –con carrera–, es inteligente, tiene inquietudes profundas, pero no las explota. Está cómodo con su nivel social y adquisitivo tirando a bajo. Es de los que se conforman con la mediocridad, pero también es de los que saben qué les gusta y no se dejan manipular fácilmente por otros.

El personaje de Andrés tuvo un diseño exprés. Tenía claro que con él sólo quería escribir sexo, sin una trama realmente importante, así que no le convertí en un ser único. Por el contrario tomé la personalidad de uno de mis personajes favoritos, el que más me gusta de todos los que he escrito hasta ahora (Jeremías, protagonista de Prisionero) y lo suavicé un poco.

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Mi carpeta de historias

Jeremías es un hombre que creció en una calle donde la delincuencia era el pan de cada día y con una familia desestructurada. Ve normal que el padre de uno de sus compañeros sea un maltratador, y no se mete en la vida de los demás. Tiene una doble moral tan fuerte que muchas veces no se da cuenta de que acusa a los demás de cosas que después hace él, sin el menor reparo. Por el contrario, se jacta de hacerlas y llega a meterse en varias ocasiones con los lectores.

Andrés no llega a ser tanto, pero sí que es un poco cínico y es muy seguro de sí mismo. En el fondo es un temerario con mucho amor propio. Y me encanta. No tanto como Jeremías, pero realmente me gusta este chico.

Quiero ser tu puta la escribí un día de resaca, tras casi treinta y seis horas sin dormir. Las últimas palabras las tecleaba en la cama, con la cabeza apoyada en la almohada, los brazos extendidos y el portátil en la cabecera, zumbando. A esas alturas de mi inmenso cansancio lo último que me apetecía era hacer una escena de sexo muy elaborada. «Follada rápida y tirando» fue la política a seguir, aunque se suponía que iba a ser algo mucho más (pero mucho más) fuerte.

Hoy, después de meditarlo con tranquilidad, y consciente de que hay gente que se ha descargado el relato con expectativas, he decidido que voy a continuar narrando desde la cabeza de Andrés un poco más. Pero no mucho. No voy a hacer una novela con él. Sólo voy a describir un par de encuentros sexuales, de verdad, de los interesantes. En parte es porque me da vergüenza que crean que eso es lo mejor que puedo hacer, o que los lectores se sientan traicionados, pero también es porque amo a Jeremías y a todos sus descendientes, y Andrés es claramente uno de estos. No quiero desecharlo tan rápido, aún más si no cumplió por completo con su función.

Así que espero poder daros noticias al respecto pronto.

Besos.

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