Sangre azul: Capítulo 3

Portada Sangre AzulPor fin el tercer capítulo de Sangre azul. Se supone que yo debería estar ahora mismo centrada en los exámenes, pero puesto que durante las Navidades incumplí mi palabra y no actualicé, ahora toca redimirse.

Ahora mismo me dedico a subirlo en el resto de páginas. Ya puedes leerlo en:

En la web.

En Wattpad.

En AO3.

En Amor-yaoi.

En Slasheaven.

¡Disfrútenlo!

Los siguientes comentarios son sobre lo que vas a leer ahí, así que no sigas a menos de que hayas acabado la lectura y quieras saber un poco más.


Para quien leyera la primera versión de Sangre azul, recordará que esta escena era vivida desde la perspectiva de Shasmel. Me gustaba mucho esa forma de mostrar cómo había sido la llegada humana porque se podía aprender muchas cosas sobre la cultura de Yldium y sobre la nave que transportaba a la embajada terrícola. Pero cuanto más meditaba en la historia, más segura estaba de que ese primer encuentro tenía que ser desde la perspectiva de Fran. Supongo que más adelante comprenderán el porqué.

Hay dos detalles que mientras escribía me divertieron mucho. Al principio Okoro habla de “los sirenos”, que como se explica, es la forma burlona de referirse a los cosmonautas que hicieron el Primer Contacto. Hay un motivo por el que los llamen así, y no es ni porque cantaran bien ni porque tuvieran colas. La respuesta es simple, pero no la voy a exlicar aquí. Lo que quería contar es que el primer capítulo de Un universo olvidado, historia que va precisamente de ese Primer Contacto, empieza exáctamente igual que este de Sangre Azul, sólo que son “los sirenos” los que están sentados en las horas previas de su primer encuentro. Me gustó la idea de ver a Fran Cortés en la misma posición en la que puse medio siglo atrás (literariamente hablando) a Eduardo Fernández. Y como soy así de caprichosa, les dejo aquí los tres primeros párrafos del primer capítulo de Un universo olvidado, para que vean (está escrito hace dos años, así que comprendan que no es perfecto y será mejorado cuando lo suba a la red, tras Sangre azul):

Eduardo dejó escapar el aire lentamente mientras fijaba la vista sobre los guantes acolchados. Eran rojos, como los del resto de su pelotón. No sabía a quién se le había ocurrido que era una buena idea mandar a un cosmonauta con una diana pintada en las manos al profundo y negro espacio. Seguramente alguien que jamás pensó que la humanidad llegaría a ver ese día.

El resto de sus compañeros estaban tan nerviosos como él. Intercambió algunas sonrisas tensas y volvió a concentrarse en las luces que colgaban en el techo. Cualquiera pensaría que el día en el que la Tierra contactara con su primer alienígena no habría sucias lámparas de halógeno titilando sobre sus cabezas, o que tendrían algo más que unos trajes con chalecos antibalas para formar ante una forma de vida desconocida.

Las tres notas dulces que sonaban antes de un aviso de Logística hicieron que todos alzaran el rostro a la espera del mensaje. Una señora con voz ahogada les repetía una vez más el protocolo a seguir. Era fácil: No hablar, no disparar, no moverse. Pero esta vez el mensaje cambió. La cuenta atrás de la distancia hasta el objetivo comenzó, y el pelotón se levantó para salir al pasillo, siguiendo a su superior.

Obviamente no es lo mismo, pero ahí está: Eduardo nervioso, analizando el entorno, escuchando las voces de la nave, aproximándose a su objetivo, y con las mismas órdenes que Fran: No hacer ningún movimiento que pueda enfadar a los alienígenas.

El otro detalle que me hacía sonreírme mientras escribía, era la idea infantil de que cada vez que Fran miraba hacia la multitud que formaban todos esos nobles azules con ropas coloridas, a lo lejos, estaba mirando hacia Shasmel. Yo me lo imaginaba así, al menos, y me imaginaba a Shasmel chillando hasta desgarrarse la garganta, porque cómo se veía en la primera versión:

La euforia de la multitud era contagiosa. Pronto se encontró dando pequeños saltos, para no molestar más de lo imprescindible, y agitando las manos sobre su cabeza. Actuaban como si creyeran que iban a ser reconocidos, que sus gestos iban a atraer la atención de algún humano, y alzaban pañuelos y bastones, cuando no tiraban jaznerias, la flor de la realeza narsiana. Pero cuando el transporte aterrizó y apagó los motores, el silencio se extendió a lo largo del recinto como si el Metalurgo les hubiera robado al voz.

Lo sé. Son tonterías, pero soy una persona muy simple. También me pongo a dar brinquitos de alegría cada vez que me siento delante del ordendor y pienso, “ahora toca hacer que Fran y Shasmel se malinterpreten mútuamente”.

Estos días he estado escribiendo mucho, aunque no he estado conectada y parecía que estuviera desaparecida. Sí, estaba desaparecida y apenas sociable, pero en lo que respecta a Sangre azul he escrito todo lo que no escribí desde noviembre. Estoy a punto de alcanzar las cincuenta mil palabras (otro motivo para reirme de mí misma, que creía que era un gran logro en noviembre), y mientras ustedes están leyendo cómo Fran aterriza en la Lirdem, yo estoy escribiendo otras cosas mucho más divertidas y preguntándome cómo será vuestro rostro cuando veáis los cambios (los que leyeron la primera versión) o comprendáis cómo se va a desarrollar su relación (lo que no la leyeron). En verdad se parece mucho al primer guión, sólo que se desvela la verdadera importancia de algunos personajes un poco antes, se deja intuir una subtrama que en Sangre azul 1.0 estaba pensada para los últimos capítulos de la primera parte, y estoy pensando seriamente el darles un poco de paz y amor a ambos antes de que les caiga encima la vorágine de la verdad (antíguos lectores comprenderán).

Bueno, de este capítulo sólo me falta decir que me planteé seriamente si debía subirlo o retirarlo hasta una versión completa. Pensaba que a lo mejor los lectores podrían impacientarse, viendo que en el tercer capítulo aún seguían esos dos sin encontrarse y pensando que no había ocurrido nada importante. Así que lo hablé con una amiga, diciéndole que siempre podría publicar la versión castrada a la red y cuando el libro estuviera terminado, subir una versión “sin cortes del escritor”, pero me pareció un despropósito y al final lo subí tal cual (y mi amiga siguió escuchando cómo yo hablaba sola).

Besos y espero que nos volvamos a leer pronto.

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