Lo bueno, si breve, dos veces bueno.

No dejo de asombrarme de esos escritores que pueden resolver una historia en veinte páginas. En serio, los hay. Yo, que me sé incapaz de hacer una introducción en menos de diez, un cuerpo en menos de cuarenta y un desenlace en menos de veinte -y los PWP no cuentan-, no entiendo cuál es la receta para escribir esas historias.

Ayer, sin ir más lejos, descargué una novela -relato corto, más bien- que tenía 26 páginas, supongo que en Times New Roman 12, con interlineado 1,5. No me tomé la molestia de contar las palabras, aunque sé que, a la hora de hablar de largos, es lo más correcto. Tenía media hora muerta antes de ir a una cita que se había retrasado en el último momento, y aunque me había descargado la historia para tenerla en el móvil y poder recurrir a ella en algún momento de aburrida espera, decidí que veintiséis páginas era algo que se podía consumir en treinta minutos.

Edito: Descubrí la forma de contar palabras en .pdf. Eran 5.660.

No me equivoqué. Me dio tiempo para decidir a maquillarme después de leer, incluso. Estoy hablando de maquillaje de Carnaval, por si acaso alguien se está pensando que me refiero a ponerme algo de carmín y máscara de pestañas. No. Carnaval.

Veintiséis páginas, una vez le quitas la portada, página en blanco, título, datos de la edición, sinopsis y breve historia sobre el autor, se quedan en veinte, a Times New Roman 12, que no es precisamente pequeña. Podéis haceros una idea.

En esas dos decenas de folios la autora se las arregló para hacer lo imposible para mi. Gastó cinco en la presentación del personaje, vida y obra, para que le cojas el cariño pertinente y empatices con él. Luego tocaba el cuerpo de la historia, el desarrollo, por así decirlo, la chicha, lo importante, lo que a mi -no sé si a todo el mundo también- me llama, y lo finiquitó en una sola página. Las restantes catorce fueron el esperado desenlace.

Claro, cada cual tiene su concepción de desarrollo. Para mi, en una historia romántica, va desde que el protagonista conoce al otro factor de la ecuación y comienzan a sumarse y dividirse hasta que llegan a un resultado, lo cual sería el final. Ese resultado, con su explicación y todo lo que lo rodea, es el desenlace. Pongamos que va desde la aceptación explícita de ambas partes, cara a cara preferiblemente, hasta el punto y final, pudiendo haber una cama de por medio o no.

Supongo que si hubiera sido una historia en la que se resumiera varias semanas o meses, incluso años, con tres frases bien puestas, de esas que dicen mucho sin escribir tanto, podría haber sido una buena historia. En este caso todo transcurre en diez minutos. Los señores se conocen, intercambian un par de palabras afiladas, uno decide que va a demostrarle al otro que necesita a alguien importante en su vida y el otro termina aceptando que necesita a alguien importante en su vida, tras lo cual, sin que ninguno se pare a pensar si realmente son compatibles y si hay algo, aparte del físico, que vaya a afianzar su relación, se acuestan como si fueran amantes de vidas pasadas y se abrazan con el amor de siglos sin conocerse. Fin.

A pesar de que ese relato en mi opinión es fallido, sé, sé, que hay otros que no. Sé que hay personas que son capaces de resolver una preciosa historia de amor en veinte mil palabras (50 páginas), pero a mi se me escapa su secreto entre las manos. No hay forma de que pueda hacerlo.

Puede que mi problema sea las descripciones, que las hago muy largas, o que me voy mucho por las ramas. Puede que deba prescindir de personajes secundarios -cosa que en Sangre Azul es más que evidente que hago. Apenas están perfilados-, o hacer la otra trama, la no romántica, nimia hasta el punto de que sea sólo un detalle de fondo. Pero no estoy segura de que me quedara bien.

Ahora mismo estoy escribiendo el tercer tercio del sexto capítulo de Sangre Azul, y voy por las veintidós mil palabras, sólo en ese capítulo. Sacad conclusiones vosotros mismos.

No estoy diciendo que Sangre Azul debería ser más breve. Es una historia larga, una historia de romance que está intentando mostrar un hecho histórico, un punto muy importante en la historia de la Humanidad de esta saga. Jamás iba a poder resolverse en setenta páginas, cosa que he sobrepasado hace bastante. Sin embargo los miedos de estar siendo aburrida siempre están ahí.

¿Creéis que debería ser más concisa, perderme menos en los detalles e ir más a lo importante? ¿O por el contrario creéis que estoy siendo demasiado gris, enfocándome únicamente en Shasmel y Fran, y debería aderezar más esta historia? O, ni lo uno ni lo otro, y creéis que así está bien.

Como siempre, estoy abierta a vuestras sugerencias. No sé si eso de lo bueno, si breve, dos veces bueno es cierto, sin embargo tengo claro que yo soy muy capaz de encontrar la paja en el ojo ajeno, pero no veáis lo que sufro intentando descubrir dónde tengo la viga en el propio.

Besos,

Rosa.

Por cierto, espero hacer la última actualización del capítulo para mañana. Como ya digo, la tengo a medias.

2 comentarios en “Lo bueno, si breve, dos veces bueno.

  1. Tenía el mismo problema que tú cuando empecé con los fanfictions. Me alargaba demasiado y se me hacía totalmente imposible hacer un drabble de justo 100 palabras. Veía a otros autores que publicaban trabajos así como si no les costara esfuerzo y me preguntaba por qué diablos se me hacía tan complicado. Hoy sé que a eso se debía en parte a que leía mucha novela de autores que alargaban, más que nada clásicos de épocas en que un microcuento era algo impensable. Leer y escribir van siempre de la mano, siempre.

    Todavía tengo pendiente leer tu historia (que no, no me olvido), por lo que no puedo opinar qué te hace falta o te sobra en ella, pero sí te puedo decir una máxima que a mí me ha costado HORRORES entender: si no sirve a la historia, no sirve y punto, por lo tanto debe irse. Sólo tú puedes saber cuál es el tema y sentido de tu creación, por lo que sólo tú estás capacitada para determinar qué se le hace necesario y qué no para dejárselo lo más claro posible al lector. Descripciones de ropa que no ayudan a la trama, no dan una idea de la personalidad del personaje, que no sirven para otra cosa que cubrir el cuerpo, se borran. Descripciones de lugares que no sirven para complementar el ambiente deseado en la historia, que no pretende demostrar un aspecto del personaje y no es el escenario principal, se va. Limitarse a lo esencial (que, repito, sólo tú conoces pues eres tú la que tiene claro el tema a tratar) y nada más. Muchas autoras jóvenes obvian esto en su intento de darte una imagen de su personaje (como si por la cara tuvieras que amarlos), sin darse cuenta de que sólo hacen literatura hueca y superficial. Que encima es demasiado tediosa de leer. No creo realmente que ese sea tu caso, pero de todos modos espero poder ayudarte en algo.

    Saludos.

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    • Lo siento por tardar tanto en responder, pensé que lo había hecho. Es más, recuerdo exactamente qué te escribí. O bien borré el mensaje en vez de pulsar “publicar comentario” o bien tengo una imaginación muy vivida.
      Yo soy incapaz de hacer drabbles. Es algo que me puede. Con cien palabras no me da ni para explicar el color del pelo de mi protagonista. A demás, yo soy de las que tiene que darle a todo un trasfondo épico o sino se aburre. El romance por el romance me mata de aburrimiento -escribirlo, porque después soy la primera en leer fluffy sin más-.
      La verdad es que después de lo que has dicho, me he dado cuenta de que yo siempre he sido lectora de novelas o sagas. Los únicos relatos cortos que he leído son los de Wilde y las leyendas de Bécquer, y no es que estos dos fuesen muy dados a ser breves y concisos. Wilde tenía la suerte de que pocas veces quería dar un mensaje, sólo mostrar la belleza de la narrativa, así que le podía dar el punto y final cuando quisiera. Justo todo lo contrario a mi.

      No te preocupes por lo de leer mi historia. Tómate tu tiempo, que sé que nada hace que le cojas más manía a algo que la obligación de hacerlo.

      Sobre lo que dices, muchas veces doy mucha información que no tiene relación directa con la aventura que sucede en esta historia, pero sí que da una muleta para las otras historias que quiero escribir sobre el mismo universo. A veces siento que puedo aburrir a los lectores con demasiada información y otras veces que pueden quejarse de que estoy siendo muy técnica, sin embellecer la narración. Supongo que siempre tenemos el miedo a estar equivocándonos sobrevolándonos mientra escribimos.

      La verdad es que tu comentario ayuda bastante. Muchas gracias 😉
      Besos.

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